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lunes, 10 de agosto de 2020

El Beso

        

   Perversidad

 Edmundo Valadés

         (1915 - 1994)

                                   El momento crucial fue

cuando ella quedó desnuda y a él se le trabó

perversamente el zípper del pantalón.



"El Beso"

David Silva 2013.

Portada de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 14 Primavera 2017.

Especial de artes visuales.


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domingo, 9 de agosto de 2020

Fecundidad

    Augusto Monterroso

                  (1921 - 2003)

Hoy me siento bien, un Balzac;

     estoy terminando esta línea.


"Lirios del campo, aves del cielo"

Rémi Cárdenas 2010.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 14 Primavera 2017.

Especial de artes visuales.


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jueves, 6 de agosto de 2020

Epitafio / Juramento


Epitafio literal
           Raúl Renán
                   (1928)

 Murió al pie de la letra.



Juramento
René Avilés Fabila
        (1940 - 2016)

 Lo juro, nunca me acosté con él.
 Siempre hicimos el amor de pie.




"El límite nunca estuvo ahí"
Pintura de Osiris Puerto 2015.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 14 Primavera 2017.
Especial de artes visuales.



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miércoles, 5 de agosto de 2020

Cálculo renal

              Agustín Monsreal
                                  (1941)

  ¡Cuánto sufrí para poder arrojar la primera piedra!






Sin título
 Rémi Cárdenas 2011.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 14 Primavera 2017.
Especial de artes visuales.



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martes, 4 de agosto de 2020

Minificciones / Arte


Impunidad
María Jesús Barrera
                      (1946)

El poderoso crítico literario despertó pensando 
cómo regalarse el placer de matar a uno que otro buen escritor.



En estricto sentido
Jaime Muñoz Vargas
                       (1964)

Se nos acabó el amor. Nos separamos. Cada cual cogió
por su lado.




"La Profetisa del Eclipse errante"
Pintura de Ricardo Lancaster - Jones 2014.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 14 Primavera 2017.
Especial de artes visuales.



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sábado, 1 de agosto de 2020

Reflejo


Metafísica
Adriana Azucena Rodríguez
                                   (1973)

"Todo se lo debo a mi manager
y a Zenón de Elea", declaró la tortuga a los medios.



"Reflejo"
Dibujo y encausto de Everardo García González 2014.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 14 Primavera 2017.
Especial de artes visuales.



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domingo, 19 de julio de 2020

El que espera


por Martín Gardella
               (Argentina)

Tras largos meses de expectativa, noté el centelleo de una botella entre la espuma. Un papel amarillento, perfectamente enroscado en su interior, me traía sus noticias. Decía que le gustaban mis cartas, que deseaba conocerme y que también estaba enamorándose de mí.
   Sentí el impulso de echarme a nadar, abandonar aquella isla aburrida definitivamente. Sería capaz de cruzar el océano para ir a buscarla, sin importar la distancia a la que estuviera la otra orilla. Sin embargo, una línea inesperada al final del mensaje complicó todos mis planes. Allí, en odiosas letras claras y bien definidas, distinguí mi propia firma. 




jueves, 16 de julio de 2020

Minificciones


Confesión
Pablo Brescia
    (Argentina)

Cansado de tanto andar y preguntar, decepcionado ante la falta de curiosidad de sus congéneres, agobiado por el peso de la moral y de las virtudes, asqueado de la corrupción, de la miseria y de sí mismo, se dejó llevar a la celda. Allí aprovechó para desdecirse de todo lo anterior. Incrédulos, sus amigos lo miraron buscando alivio. “Les dije que sólo sabía que no sabía”, aclaró él, orgulloso de la coherencia de ese pensamiento. Entre todos le abrieron la boca y lo obligaron a tragar la cicuta. La otra historia es harto conocida. 


Nostalgia
Caro Fernández
       (Argentina)

Sé que mi madre jamás olvidará el horror de verme saltar del puente. Pero desde ese día, soy su valiente pichón favorito. 


Precisión
Alejandra Adi
     (Argentina)

Los disparos sonaron como si hubiese escrito “Fin” con su antigua Olivetti. La mató como un gran hijo de puta y como un perfecto dactilógrafo. 


Buenos vecinos
Débora Benacot
        (Argentina)

La del departamento de abajo viene a reclamar por ruidos molestos. Es que tengo dos niños pequeños e inquietos que están en la edad de descubrir todo, de andar por la casa moviendo muebles, tropezando, tirando juguetes al piso, mis angelitos. Entiendo su queja, señora, pero qué pretende, ¿que vuelen? Después de prometerle que haremos lo imposible por disminuir el bochinche, la vecina se retira. Miro a mis hijos y les digo que para no tener más problemas con la señora del 4to A, siempre y cuando las cortinas estén cerradas, y sobre todo en horas de la siesta, haremos una excepción y podrán usar sus alitas. 


Violencia de género
Juan Manuel Montes
               (Argentina)

Un hijo en Liliput cansado de la comida desabrida e insulsa que su madre le daba, la pateó con todas sus fuerzas. Ella cerró los ojos al recibir el dolor pero no supo cómo reaccionar, jamás le había devuelto el golpe a su hijo, y además no sabía cómo hacerlo. Él, al sentir la impasibilidad de ella y ya víctima de la cólera, la pateó nuevamente, esta vez a la altura de los riñones. Ella respiró profundo e intentó calmarse, luego comenzó a cantar despacio. Él, también se calmó, se acomodó dentro del útero y se quedó dormido




martes, 1 de marzo de 2016

Retrato de mujer con dragón

por Patricia Nasello
              (Argentina)

Según dicen, fue él quien destruyó los cultivos. Ella cree lo que dicen y estima, por lo tanto, que urge detenerlo. Se protege con una cota de malla que alguien le acerca y toma la lanza que perteneciera a su padre. Lo encuentra solo, vistiendo harapos, rodeado por la ceniza que su locura incendiaria ha provocado (siglos después, el pintor evocará la escena retratando a una guerrera que, lanza en ristre, observa a un dragón como si con su sola presencia pudiese dominarlo; los versos del poeta, en cambio, hablarán de sus dudas, de su íntimo deseo de haber perdido la huella o disuadir por la palabra). Parece haber adelgazado en los últimos meses y la mira con aquella vieja furia de él, tan vieja que olvidó su origen. Con furia y, justo es reconocerlo, con el mismo amor de siempre. La ponzoña del desconsuelo apura la mano. Por unos momentos él permanece de pie, dos lagos quietos los ojos, sin darse cuenta que ha muerto. Algo habrá leído ella en el espejo de esos ojos y algo de barco que se hunde ocurre luego porque siente que naufraga dentro de sí misma y el cuerpo del hombre, sobre la tierra calcinada, se diría un madero flotando a la deriva. Sol y lluvias mediante, el pueblo siembra y cosecha el algodón con el cual comenzará a bordarse la leyenda.



domingo, 14 de febrero de 2016

El cuarto

por Sandro W. Centurión
                       (Argentina)

A la izquierda siento algo con plumas, tan grande como un ropero. A la derecha algo con mucho pelo, suave, sedoso y frío. Arriba, una esfera dura y rugosa. Unos pasos a la derecha, un recipiente con un líquido caliente, tal vez agua o café aunque no huele a café sino a libro viejo. A ras del piso rozo con los dedos de mi pie la punta de una nariz de esas que tienen una verruga en la punta. Me agazapo y acaricio un seno, uno solo, turgente y del tamaño de un puño. No estoy seguro. La respiración jadeante hace eco en la oscuridad.
     Hasta ahora, ninguno de nosotros se atreve a encender la luz. 



martes, 29 de octubre de 2013

Ennui

Por Daniel Barrón
 

Je hais la passion et le esprit me fait mal!


Como muy pocos libros, La Folie Baudelaire de Roberto Calasso me hace sentir el entusiasmo de mis primeras lecturas, ando cargando mi libro como los niños cargan sus juguetes: de la sala a la cocina, de la habitación al cuarto de baño. A veces ni puedo leerlo, el teléfono, el perro, mi pareja y el Internet (esa nueva televisión siempre puesta en un programa de concurso llamado Twitter o Facebook) me distraen. Pero al menos me hizo recordar algo que ya tenía olvidado. Cuando era adolescente, me compré Las flores del mal en la librería El Parnaso, y me entusiasmó desde el primer momento, aunque admito que debido a su lado más efectista: la sangre, los vampiros, las putas… Y ahora me importa sobre todo por una suerte de melancolía que desprende, donde los cuerpos, su sangre y su carne, no son más que objetos perdidos y olvidados, y uno se encuentra justo en ese mundo de sombras rodeado de ausencias y sintiéndose cada vez más una de ellas, allí donde uno mismo se va… Un buen día mi libro desapareció. Era una edición de bolsillo de Alianza. En aquél momento, aún vivía en casa de mis padres, y supuse que lo había dejado en algún camión, en el cine, en la cafetería. No suelo perder libros, pero bueno, me dije, es algo que pasa. Varios años después, cuando ya no vivía con mis padres, volví su casa una tarde para comer y se me ocurrió abrir los cajones de mi madre para robarle (entonces era un adicto a cualquier cosa y encima un pobretón, incluso más que ahora) alguna pastilla, un diazepam, incuso una espasmo-civalgina, cualquier cosa que llevarme al estómago y sentir algo, lo que fuera, incluso náuseas. Y de pronto, allí estaba mi Baudelaire, oculto entre las blusas y los sostenes de mi madre, esas prendas que se desparraman entre mis dedos como si estuviera intentando levantar una cascada. Pensé que a Baudelaire le habría gustado, él que llamaba a su madre por su nombre de pila, “Caroline”, y la trataba como una amiga con la que uno ya ha tenido sexo. Mi madre, una mujer de infinita gazmoñería terminó acunando entre sus ropas Las flores del mal, como se tratara de una vergüenza propia. Tomé el libro y un diazepam que me tragué con la comida que me ofreció, y luego me fui.

La historia de nadie

Por Andrés Uribe



-¿Cuando llegó?

-No, aún no ha llegado.

-¿Donde está?

-Tampoco, creo que andan juntos.

-¿Y vendrán?

-No lo sé, hubo muchos muertos en la guerra.

-¿Tú quién eres?

-Nadie.

-¿Qué haces en la puerta de mi casa?

-Espero.

-¿Qué esperas?

- La hora de tu entierro.

Clasificación de libros

Por Alberto Chimal


                                                                                                             en recuerdo de Nestor Curbelo


Los libros de futbol, escritos en el idioma de los nervios y los músculos: se redactan, claro, sin usar las manos.

Los libros de corazón, cuya materia es siempre dura, que manchan las manos, que siempre han salido con violencia.

Los libros atómicos: no pueden leerse ni con el microscopio más potente; los elogian como los mejores y más finos.

Los libros de sangre, que dañan a todos salvo a los lectores de un tipo preciso y no siempre fácil de determinar.

¿Libros de bilis? Lo peor no es que dejen ver el líquido sino que las amarguras y el rechinar de dientes se oyen.

Los libros de Gulliver: todos del tamaño de un ajonjolí salvo uno, en cuyo interior excavado había hecho su casa.

Los libros de Leda, de tapas cubiertas de plumas blancas y que son, todos, de aventuras eróticas.

Libros de "serial killer": asientos contables, sonetos místicos, cualquier cosa salvo lo que se ve en las películas.

Los libros de flores, que tanto placer dan la primera vez y huelen a podrido tras un par de semanas.

Los libros de deconstrucción, que vienen con los caracteres en una caja aparte; las páginas no se encuadernan.

Los libros terroristas, que explotan silenciosamente en la conciencia.

 

El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias

El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias
Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Num 16