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martes, 18 de noviembre de 2014

La conquista del Gran Nayar

por Raúl Enríquez Valencia


El Gran Nayar, complejo cultural ubicado al noreste del actual estado de Nayarit, aglutina a varios grupos étnicos coras, tecualmes, tepehuanos y huicholes quienes mantienen fuertes vínculos políticos y rituales entre sí.  La sierra del Nayar ha funcionado desde siempre como un perfecto fortín natural para las guerras.
El Nayarit colonial surgió como producto de una revitalización de grupos de la costa, el altiplano nayarita y la región caxcana a partir de la guerra del Mixtón de 1541. Los aportes tecnológicos y culturales de pueblos autóctonos, europeos y esclavos negros fortificaron la base de una sociedad compuesta que supo adaptarse y refuncionalizar su organización política.
En el siglo XVIII el Nayar se representó como una gran isla de idólatras, antropófagos y apóstatas cercada por el avance de los jesuitas; y éstos, los sacerdotes, con ayuda del ejército virreinal, lograron conquistarla en 1722. El apóstol Santiago definió la batalla final a favor de los cristianos. La tradición milenaria se recreaba para hacer patente que los dioses tomaban partido en la guerra. De la invocación a Santiago se esperaban mercedes que resolvieran las urgencias del momento: salud, buenas cosechas, la victoria sobre el demonio.
Desde entonces, los jesuitas trataron de extirpar la idolatría y desarrollaron una labor sistemática de evangelización hasta 1767, año de su expulsión. Con su retirada, la magia cristiana entró en un periodo de declive. La interpretación a posteriori y los prodigios fueron parte de la escritura y sentido del vencedor.


La teología española del siglo XVI y las crónicas de América

por Marialba Pastor


Cuando los europeos “descubrieron” América, la Iglesia católica ya había acumulado más de diez siglos de experiencia en convertir al cristianismo a paganos de todo tipo. Esta experiencia se sitúa condensada en crónicas e historias, y sobre todo en las obras de los teólogos autorizados. En ellas se encontraba la única verdad y, por consiguiente, a ellas se debía recurrir cuando se trataran hechos trascendentales como la fe, los misterios divinos y las relaciones de los hombres con los dioses; ahí se explicaba quiénes eran los paganos, por qué existían, cuáles eran sus principales errores, sus dioses, sus mitos y ritos.
Las crónicas de Indias de los siglos XVI y XVII no se desprendieron de la curiosidad por las culturas ajenas, de un afán de comprensión del “otro” o del interés científico por la indagación. Pero sus métodos tampoco siguieron las reglas de la autocrítica y la observación empírica. Las detalladas descripciones de la religiosidad de los indios tenía por objeto facilitar las tareas de conversión. Los españoles estaban convencidos de que la evangelización de los nuevos paganos era un mandato divino que formaba parte de la historia revelada, del proyecto de expansión de la fe cristiana por el mundo.
Educados en la ortodoxia cristiana, los españoles llegados a América sólo pudieron descifrar las conductas de sus pobladores a partir de supuestos religiosos. Integrantes del clero como Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún o Diego Durán, con una sólida formación teológica, mostraron en sus crónicas una incapacidad para comprender las religiones prehispánicas.
En la realidad americana encontraron, por analogía, dioses, mitos, ritos y adivinaciones de la Grecia y la Roma antiguas. A las religiones prehispánicas les asignaron sus propias jerarquías y clasificaciones, la división maniquea del bien y el mal, y la separación de los mundos sagrado y terrenal; mostraron aversión a los sacrificios sangrientos, a la sexualidad y a las relaciones entre los géneros. Sobre los pobladores americanos proyectaron su moral particular y reprobaron sus conductas, o bien, inocularon el cristianismo en sus informantes al afirmar que, antes de la llegada de los europeos, en las religiones indígenas se advertían signos y valores católicos.

Para comprender las crónicas de Indias y calibrar su utilidad y sus límites como fuentes primarias para el conocimiento de las religiones prehispánicas, resulta imprescindible adentrarse en la teología que formó a sus autores.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Comprender culturas extrañas

por Horst Kurnitzky


La comprensión de una cultura extraña impone la investigación y el estudio de su lógica en todos sus momentos y dimensiones: lengua, mitología, cosmogonía y religión. Lo más importante para ello es liberarnos de prejuicios y poner a debate nuestra propia cultura; adoptar una posición crítica frente a las fuentes y movilizar nuestra fantasía científica para imaginar cómo esas culturas, extrañas para nosotros, se concibieron a sí mismas.
La gran falla de los evangelizadores llegados a América hace 500 años se encuentra en la incomprensión de las civilizaciones y las lenguas indígenas. Sus testimonios fueron escritos con la finalidad de convertir a los indios al cristianismo, no para comprender la lógica de las culturas subyugadas. Por ello, partes extensas de sus crónicas son inutilizables como fuentes primarias.
Recientes estudios sostienen que las relaciones entre los géneros en las comunidades prehispánicas fueron de orden matrilineal: el linaje se heredaba a través de la madre; los hermanos y hermanas de la madre y sus hijos formaban parte del clan y vivían juntos en la casa comunal; la madre era identificada con la tierra proveedora. El tío materno era la figura de la autoridad masculina y tenía derecho de gobernar. Así, cuando Cortés secuestró a Moctezuma, fue sustituido por su hermano Cuitláhuac y éste por su sobrino Cuauhtémoc. El hecho confundió a los españoles y creó una incomprensión debida a sus miedos y prejuicios. Así, se evidenció una incapacidad por parte de los cronistas de la colonia (reproducida entre los antropólogos e historiadores actuales) para entender la lógica de vida de una sociedad  matrilineal.

Tras fuertes conflictos históricos, sin embargo, dominó la sociedad patrilineal. Los mitos narran la ruptura. No se les puede tomar como historias reales, sino como relatos sobre una realidad multidimensional. Una historia y antropología serias tendrían en esos mitos sus fuentes de investigación, pues los cronistas, al no comprenderlos o por imponer la nueva fe, los distorsionaron al borrar episodios sangrientos y carnales (como el sacrificio, el culto fálico y la poligamia), todos ellos con alta significación reproductiva y sexual.


domingo, 9 de noviembre de 2014

Por qué es importante Asia

por Guy Rozat Dupeyron


Muchos críticos se burlan de Cristóbal Colón por haber creído alcanzar las Indias, pero —al despreciar la pretensión del genovés—, olvidan algo fundamental: que esas tierras, “las Indias”, eran para Occidente una fuente inagotable de riquezas. Desde la época grecolatina, de Asia llegaban especias, tintes, joyas y tejidos. Los europeos imaginaban que ahí existían islas de oro y plata, enriquecidas por piedras preciosas que rodaban en las aguas de sus ríos. Y si creían en la riqueza de esos ríos, era porque pensaban sus aguas emergían del paraíso terrenal que ellos mismo situaban en esas regiones.
En las Indias todo era prodigioso: árboles gigantescos, infinidad de monstruos y hasta hombres que de un salto se subían a los elefantes. También en lo moral, las Indias presentaban hombres ejemplares como los brahmanes.
Este mundo reflejado en los relatos de Marco Polo se difundió en toda la cultura occidental. Considerado como testigo por sus viajes, su texto recuperó también una larga tradición que se había plasmado en Plinio, Solín e Isidoro de Sevilla.
Hernán Cortés, cuando llegó a San Juan de Ulúa, compartió ese sueño exótico. Después de la destrucción de Tenochtitlán, sus primeras actividades fueron construir barcos para alcanzar Asia, las islas de las especias.
Esta omnipresencia del Asía mítica no sólo nutrió sus sueños, también animó la escritura de ese mundo americano que acababa de someter. El vencedor se sintió el nuevo Alejandro Magno, figura del conquistador griego en la cultura caballeresca que le ofreció imágenes retóricas para constituir lo que Edmundo O’Gorman llamó la “invención de América”.
De la misma manera en que los indios del Asia creyeron ver en Alejandro el regreso de un dios lejano, los de América confundieron la llegada de Cortés con el regreso de su dios Quetzalcóatl. Al igual que los habitantes de la India entregaron sus coronas; Moctezuma, cedió respetuosamente su imperio al recién llegado.

Después de escudriñar con cuidado la leyenda de Alejandro en la cultura occidental, llegamos a la conclusión de que el mito del conquistador de la India, sirvió para esbozar el primer relato de la conquista. Esto resultó fundamental para justificar a posteriori la invasión castellana. Es probable que a Moctezuma no le pasara jamás la idea de entregar su imperio. El hecho de que Cortés lo afirmara le permitió construir la legitimidad de su nuevo poder: si los indios se levantaron, la culpa fue enteramente de ellos, ya que se rebelaron contra su señor legítimo.  



sábado, 8 de noviembre de 2014

Pensar América a través de su simbólica

por Miguel Ángel Segundo Guzmán


Para comprender el “descubrimiento y conquista” de América se debe entender cómo Occidente inventó a los otros. A partir del contacto con grupos del Nuevo Mundo, los simbolismos occidentales construyeron tradiciones; conocerlas es un primer paso para ver cómo el logos europeo las reinventó.

Occidente es un concepto histórico. Su desarrollo cultural y expansión se entienden como un proceso civilizatorio con ascensos y declives que excluyó otredades e historicidades y construyó una imagen diferente de América. En este despliegue violento, la guerra y la dominación fueron los ejes del proceso. La relectura de tradición occidental traza horizontes que adquieren significado en el presente, generando una simbólica que le da sentido al mundo.

En las crónicas del siglo XVI se mezcla “lo indígena” con las verdades europeas: la historia sagrada y la memoria caballeresca. En el otro hay fragmentos de verdad: rasgos agradables para la memoria occidental. El indio reforzó la identidad del cristianismo al encontrar en él señales que Dios dejó para el hermeneuta adecuado. Sólo el ojo externo pudo convertir en texto las “ruinas” —del otro tradición interpretativa que llegó con los frailes en el siglo xvi—.

Las sociedades encontradas fueron un pretexto para realizar la “historia de Dios en el Nuevo Mundo” y situar las tradiciones de los vencidos en el discurso cristiano,  es decir, colonizar la memoria al traducir al otro. “Domesticar” el modo de vida indígena y su imaginario fue la tarea de las crónicas, historias escritas para sustentar el nuevo edificio colonial. 


jueves, 6 de noviembre de 2014

La Invención


A mediados del siglo XX Edmundo O’Gorman reveló lo absurdo subyacente en la interpretación “Colón descubrió América”. El historiador mostró la contradicción, no se puede descubrir lo que no existe y propuso el concepto de invención para resolver el problema: América sólo existió a partir de 1492.

    Invención es la lectura, a través de símbolos intemporales, sobre las tierras y pueblos recién hallados. Es la concepción de un “otro” susceptible de ser gobernado por el mito, la magia y la superstición; en una frase, es la creación de la mentalidad primitiva, vista así por el pensamiento occidental.

    Para conocer al otro se requiere derrumbar ese discurso colonialista, estudiar la conquista de América a través de una perspectiva ontológica, que reconozca entidades históricas. Éste es el tema del número especial de Cariátide.   


El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias

El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias
Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Num 16