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miércoles, 11 de agosto de 2021

Recapítulo Conversación entre un Shofar y un didgeridoo (toman un café)

 Marco Fonz



Nubes en los labios

aire en el esqueleto de un erizo marino

la arena restregando su desierto en la boca: algo ya estaba aquí en la eternidad

       sueñas con el interior

los árboles nacidos de sí mismos sutil movimiento del bosque para asesinar al rey

el cuello del universo está roto los problemas apenas han inventado la rueda

                    un estado mental repta por sus señales

    un ciclo con corona de cal pasa en saltos acuáticos

realidad ¡oh reflejo de realidades!:  la imaginación afila sus instrumentos deformes

            una muñeca de paja enciende el tabaco

el llanto viene de allá, detrás de las montañas, el llanto es un espejo descompuesto:

            (no refleja, pero no se lo digas,

    se espantaría)

el hombre debería alguna vez salir a pasear fuera de su cráneo: ...la razón tiene lepra...

la mano del hombre es su peor enemigo: la mano ama al tambor...

   la mano en sus nupcias con las líneas...

             

así sea.

ríos en la garganta. Hablas hacia lo de arriba y externo // hablas hacia lo de abajo e interno.

lava en la garganta. Hablas hacia lo de abajo y externo // hablas hacia lo de arriba e interno.


el sonido viene en copos, en volutas, en la cuna de judas:

la vibrante espiral / la espiral escalera,

respira por entre los cuerpos de lo moderno:

ligera ceniza / tornasol polvo:

todo lo primitivo es el espíritu santo jugando con un gato montés:

        esqueleto del ojo

        hueso de la lengua

   risa de 206 calcios de vida en el tiempo invertebrado.


dan un trago al café y todo es un mirarse a los ojos,

contemplar, desnudos, como hace millones de años

    al siguiente durmiente recostado sobre la yerba

    sin que despierte... sin que despierte...





domingo, 1 de noviembre de 2020

Ánima versión 2

 Marco Fonz



El poeta fue la lluvia)

mención honorífica y jurada

por un sin casa /

todo era respiración contenida::

todo era un temblor del párpado de Bresson ‰


Tener cuidado, dijo el inspector DD

des clochards ven todo con símbolos Ω

el poeta era una ciudad sin techos ░▓▓▒

una renuncia en nacimiento ∏


Algo dejaba en los pies del salto Ữ

el cuerpo bien doblado dentro de una moleskine ۓ Җ

y un araño del Gato de Cheshire [ˈtʃɛʃə]


Tener cuidado: los sin casa son un delirio №☻

dijo por último entre un saucisson y pelos en bostezo ۝

el poeta vestía una oración bruma ۩۞

el poeta era un devenir en el ir ↔


Al homeless lo arrestaron ≠

por robarle una imagen √

al ahogado ≈


(El poeta es el éxtasis:

pequeña esfera de la gota:

equilibrio en la nariz del vagabundo.)

♪♫♪♫♪♫ / silba el aire suicida / ...





domingo, 11 de octubre de 2020

Incitación a buscar lo que falta

 Andrés Cisneros de la Cruz


Novela dibujada es la última obra que hizo Marco Fonz en Quito, Ecuador, al comenzar su última expedición hacia el sur de América. Más que pensarlo como poesía “experimental”, el experimento que realiza en esta incursión es más bien el de colocar la vida ante el espejo natural de la muerte, el umbral de la evolución: “desnudo: observando meticulosamente / por átomos movimiento continuo (…) con los pelos recién rasurado a lo Darwin, / para tener dos puertas como costillas (…) el brinco de una pulga al estanque de la evolución”, escribe al principio del libro. 

La honestidad desbordada del poeta nacido (luego de cada experimento), traza un tao caoticus, camino que se desliza entre la magia (brujo negro era) y el sadismo religioso que inflige un panóptico (en el cuál todos se funden en un ojo lleno de dientes, ya dicho es el principio) y que captura con una imagen satelital, esa novela fotográfica llamada Tierra. 

        El texto arranca desde “el árbol más viejo (…) aquel infame comienzo”, con su prospección de los andróginos perfectos y la mutación constante del sueño; ésta da pauta al siguiente capítulo, como salto cuántico. Posibilidades que se manifiestan en el poeta de doble dentadura, quien retrata las colisiones, al rey manco, a los pobladores de la tradición y el rito. A ellos, el poeta los coloca en una posición susceptible, para que puedan ser usados según convenga a la trasmutación en curso, ante el “jin-jan ignorante de los designios”; el desacierto. 
Leer este texto de Marco Fonz es replantear la lectura total de su obra. Su proyecto (sea acaso de los más ambiciosos de México) se planteó desde el comienzo como un ser-no-complaciente con el poeta, los poetas, ni con los lectores críticos o en los márgenes de lo “aceptado”. Un reto mayúsculo es generar una poética que no obedezca a un centro, incluso si éste es el “corazón poiético” de la propia creación. Desplazar la coordenada “original-siempre-desviada” desde donde se lanza el verso es también someterse a un constante desequilibrio, un endeble balance que se genera en la medida del continuo transcurrir; cuando éste se detiene de golpe, la inercia lo empujará a un cambio radical/rotundo: el latigazo. Laceración elemental del aire. Apertura florida del descubrimiento. 
A leer la Novela dibujada de Marco, no pude evitar recordar los novelemas de Enrique González Rojo Arthur. Ese tránsito. Filoso. Ese ir definiendo siempre lo que se desdice en el movimiento. Lo que era una envoltura para luego ser escoria. Suma de la basura de los residuos del mundo. Y el mundo es “un panteón de posibilidades” (las citas son por supuesto de Fonz). Aparecen así los vestigios ya declarados de una poética que ha dejado atrás el umbral del siglo XXI, junto con el infrarrealismo como diálogo tránsfuga de los alter egos; Fonz interviene el corpus versal con sus auctores /término de Ibargoyen/ con sus disidentes, con sus pozos de poesía nocturna, matinal desencanto la lluvia: “sus hilos más gruesos como el principio de la cola”. 
Por eso podemos ver también al poeta como un verdadero kamikaze. No sólo retórico, sino también en la praxis, en su cabalidad de volarle las entrañas a la poesía: al centro de la poesía; al imaginario ilusionista de la poesía latinoamericana; Al espacio confortable de "lo latinoamericano" (con lo que el poeta latinoamericano podría conformarse). En la poesía no hay confort. Y la bomba de un acto de muerte es también el sacrificio para marcar en el mapa de la novela del mundo, el sitio en donde debe reconstruirse la vida. (Desplazar siempre el centro, desplazarlo). No es casualidad que Marco Fonz se haya suicidado en Chile con la antología infrarrealista en el útero de la imprenta. “Un silencio como de catástrofe aguanta la respiración / y todo el mar se vierte tras el rey de una sola cuerda. / (Siempre hay quien no aplaude)”. 
Queda así claro que la utilización de Fonz de los tropos desarrollados por las múltiples vanguardias del siglo XX no son el fin, sino el medio para una crítica desmenuzada. Conviene leer con detenimiento el apasionado flujo de los versos de la obra fonziana. Habrá que hacer un recuento de su último viaje; habrá que poner en una vitrina rota sus libros para que se desborden y la gente los robe y corra con ellos entre las manos. Habrá que leer. Y luego experimentar en nosotros la vida. Porque ya lo dijo el poeta: “la última cortina por recorrer es nuestra propia carne”.



viernes, 9 de octubre de 2020

Exposición 10 años de Arte y Literatura

 


Gaceta Cariátide celebra su Décimo Aniversario 

con la Exposición 10 Años de Arte y Literatura 

en Galería Goya



Obra de 13 artistas que ilustra los interiores de Cariátide:


Edna Romero

David Silva

Huemanzin Rodríguez

Ricardo Lancaster - Jones

Everardo García González

Osiris Puerto

Javier González Galindo

Vladimir Islas

Remi Cárdenas 

Pablo Zeta

Alberto Vélez

Andrea Feldman

Edwin Daniel

Pedro Sacristán



Próxima inauguración: 15 de octubre 18.30 PM.






Visita:

facebook.com/gaceta.cariatide





sábado, 15 de agosto de 2020

La/ Poesía Los/ Poetas en México como YO/ los veo: El/ Poema

Marco Fonz


Es la primera vez en la historia de la poesía en México que existe un número indeterminado de personas escribiendo poemas y leyendo poesía. La salud de la poesía en nuestro país no podría estar mejor. Por todas partes del territorio nacional surgen poetas como burbujas de jabón. El peligro será que revienten como esas burbujas. Para muchos este número excesivo de poetas no es tan bueno. Hay cantidad pero no calidad, dicen. Y esto no se podrá comprobar hasta muchos años después, lamentablemente. Hay escuelas de escritores, talleres de poesía, universidades con programas especiales para ser escritor, editoriales independientes que publican a todo señor, señora, joven maldito y otros que traigan bajo su brazo un puñado de poemas y dinero para la publicación. Toda una gama de propuestas para ser El Mejor Poeta de México. Muchos poetas por todas partes, malos poemas en su mayoría y casi nada de la poesía excelsa y superior a cualquier mortal.

    Pero esto no debe preocupar a quien tan entusiasta apoya a todo cuanto sale de la nada y dice “yo también soy poeta”. Por el contrario hay que apoyar a todo cuanto brinque y diga “este poema es mío”. Porque de todas formas la musa de la poesía lo estará empujando a la inmortalidad y nos perderemos de no haberle apoyado.

    Pero aún con tan buena salud a nuestra poesía nacional le acechan varios peligros. Uno de ellos es el aferrado provincianismo, el mal provincianismo, el que tiene miedo al cambio, el que no le gusta la experimentación, el que prefiere los poemas narrativos y bien escritos. El provinciano con miedo a la libertad del propio poema. López Velarde está bien, pero con él no se acabó la poesía en México. Todo está por escribirse todavía. El otro peligro es cuando llegan poetas extranjeros a querer decir quién es el gran poeta en México. Como si no tuviéramos ya suficiente con los poetas oficiales y apoyados siempre por las instituciones de cultura y uno que otro fondo. Y aunque creo que todos somos extranjeros no me gusta mucho esa actividad de dividir o separar sólo por afinidades sexuales o económicas. Ése es el otro peligro para la poesía en México: todavía hay escritores de poemas que pretenden vivir en los tiempos de Reyes o Paz. Con sus grupos que se quieren tanto y otros que no se quieren pero se soportan por el presupuesto de los consejos o instituciones de cultura. Estos grupos de “poder literario”, que sólo trabajan con sus amigos, como los viejos políticos, han asfixiado programas que con gran trabajo iban creciendo y que lamentablemente terminaron de matar y ahora son programas zombis como el de Tierra Adentro. El otro peligro es hacer de la poesía una red social como si esto fuera "haz tu poema y te diremos amigo o pertenecerás a nuestro grupo", algo así. Otro caso son los poetas jóvenes malditos en México. Espejismos dentro de espejismos. Peligro los poetas políticos o funcionarios públicos. Los revolucionarios o panfletarios, los poetas únicamente universitarios, los que no salen de sus encuentros de poetas, los que viajan y publican “independientes” apoyados por Conaculta u otras instituciones. Los poetas que se creen eso de poesía femenina, poesía gay, poesía indígena, poesía de amor y otras cosas como extrañar a un amante en la cama. Los poetas que han hecho de la competencia animal una verdadera carrera poética; poetas que compiten por la beca, el premio, la publicación, los trabajos de corrector y los sueldos por ensayos o columnas o críticas o reseñas, claro casi siempre sobre sus propios amigos que necesitan de esos escritos para continuar compitiendo por todas las miserias que ofrece un Estado ya no paternalista, sino que más bien parece un hombre golpeador (como bien dice Tanya). Sobre los temas, las formas y la estética que los poetas mexicanos prefieren para escribir sus poemas, siguen vigentes las influencias europeas y sudamericanas. Esto no es malo, por el contrario hay que llenarnos de esas influencias. El peligro es que hay que saber separarse a tiempo y con base en ellas proponer algo que no tenga nombre ni edad ni forma todavía pero que se crea completamente y con pasión en ello. Y el otro peligro es que siempre se quiera la autorización o la comprobación de Europa o Sudamérica para pensarse o sentirse un poeta. Peligros, peligros y más peligros tiene que pasar un poeta que quiere decir algo verdadero y que con todo lo anterior se ve forzado a huir de tanta producción poética.

Afortunadamente dentro de tanto marasmo existen seres que continúan el oficio de escribir poemas de una forma natural, sin prisa, ni miedo, ni compromiso alguno. Los que viven y respiran poemas sin falsas posturas, ni complacencias y con toda la claridad de que la poesía tiene sus propias reglas y su propio tiempo. Que la poesía es autónoma y no vive bajo ninguna ley humana.

Esto significa que los poetas o los poemas o la poesía que ahora se está escribiendo en México son como un humus que anuncia de manera precisa a los futuros POETAS que llenarán al mundo con sus poemas y que continuarán la labor de aquellos que hicieron de las palabras la manera de entrelazar al espíritu humano con el espíritu de la naturaleza.

Así que YO veo a la poesía de mi país burbujeante y llena de delirios, funestos pero necesarios para la creación del poema. 

Tlalpan, 2009




"Traición"

Javier González Galindo 2013.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 6 Num 9 Invierno 2015.





martes, 11 de agosto de 2020

Poetada vida

      Marcos Daniel Aguilar


No se puede separar la poesía de la vida de Marco Fonz (Ciudad de México, 1965 - Viña del Mar, 2014). Su existencia pretendió ser un poema. En su escritura no hay timidez, miedo o retracción; al contrario, es el desborde de todas sus capacidades intelectuales y emotivas. No creía en los absolutos humanistas ni en las reglas literarias. Siempre pensó que la poesía era un acto inacabado, y que la experimentación no concluyó con las vanguardias del siglo XX, sino que continuaba en el XXI. Fonz fue a la vez descreído de las falsas esperanzas que la ideología político-cultural ha tratado de imponer en México y América Latina, y disidente de ese falso progreso que ha renunciado a producir obras propositivas, pujantes y pensantes para las letras en español. Su poesía y vida no fueron luz que alumbra los caminos hacia la verdad, montaña mágica que revela incógnitas, más bien fueron y son pozo oscuro que protege el misterio y la zozobra. Ese vitalismo pretendió romper los centros del poder cultural que procura la estabilidad en seres nada estables como los humanos. La fragmentación colocó su poesía-vida en la tangente, en los centros-no-centros. Sólo creía en una utopía: la del cambio". Su suicidio no significó muerte, sino colocación del hecho poético a otro plano existencial. Este es un homenaje al poeta desobediente que fue Marco Fonz.

 

martes, 28 de julio de 2020

Jardín de Fuego



"Jardín de Fuego"
Acuarela de Pedro Sacristán © 2017.


Publicado en el póster de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias 
Año 6 Num 14 Primavera 2017.
Especial de artes visuales.



Visita: 




martes, 21 de julio de 2020

Sprezzatura en César Aira


por Luis Bugarini
       (México)

La costumbre del escritor argentino César Aira (Coronel Pringles, 1949) de publicar sus textos por separado –esto es: si escribe cuatro relatos publica el mismo número de libros y no una reunión de ellos, como es la práctica–, le ha generado cierto renombre de autor profuso aunque desguanzado. Sus libros ofrecen varias felicidades, entre otras: (i) ser breves, una virtud cada vez más apreciada debido a los tiempos de urgencias y ligereza que vivimos; (ii) relatan historias que se complejizan según avanza la trama, hasta derivar en un artefacto verbal indistinguible de cualquier situación onírica con visos de realidad, mismo que no ofrece una salida clásica –eso que la crítica más triste denomina el “redondeo” de la historia–; (iii) pasan de largo ante el exotismo tropical y la capitalización política del drama latinoamericano.
   Toda su narrativa puede leerse como un ejercicio de episodios sueltos sin intención de embonar o, menos aun, transmitir una historia gratificante al lector. Aira forma parte de esa vertiente de la actual literatura argentina y latinoamericana que no se detiene a meditar los problemas políticos, para concentrarse en fabular utilizando un lenguaje distante de la ampulosidad y la “construcción de una identidad” a través de serpentinas gramaticales. No es difícil cerrar cualquiera de sus libros y sentir que hemos sido estafados, que ese libro contiene todo menos literatura, que se amplió el abismo entre la persecución de una idea compartida del arte y las acciones específicas que la procuran. Esto no es casual. El arte contemporáneo igualmente es un ejercicio libérrimo de solipsismo. Cualquier pieza de Damien Hirst o Tracey Emin, por ejemplo, nos ayudarían a probarlo. El escritor argentino se inscribe en esta escuela de la radicalidad, no obstante que sus efectos pasan desapercibidos para el ojo sin entrenamiento. Sus libros admiten una lectura “ingenua” y otra más analítica, la cual intuye que las junturas que la unen esconden algunos secretos.
   La sprezzatura, por su parte, es un término acuñado en el siglo XV, era del disimulo y la habladuría exquisita de salón. Implica una actitud próxima a ese descaro propio del cortesano que disimula cualquier sentimiento con garbo. Significa llorar sin que salga una lágrima, colgarse sin soga o tirarse desde un puente a un río sin agua. El practicante de este disimulado arte impide que el sentimiento brote a flor de piel. Esto deriva de que en la corte no debían apreciarse las flaquezas, ni aun aquéllas derivadas de la apreciación justa del arte más alto y sus vericuetos. El oficio literario, ejercido en su condición más alta, es una impostura. Para escribir se utilizan las máscaras que resulten necesarias para saltar de una situación a otra. El multiperspectivismo de la narrativa no se logra compenetrándose con los personajes que pueblan una novela, sino erigiendo una frontera de cristal para darles vida mirándolos a la distancia. Mismo caso de la poesía posmoderna, no obstante las ideas románticas insufladas a la lírica añeja.
   Aira ha tomado para sí la tarea de manufacturar objetos verbales con la distancia más remota posible. La cercanía entre el libro y el autor que se leen en Roberto Artl (Buenos Aires, 1900-1942), Rodolfo Walsh (Río Negro, 1927-Buenos Aires 1977) o el propio Fogwill (Buenos Aires 1941-2010), desaparece en sus libros y esto los dota de una autonomía que les hace perder “un sello distintivo”. Su narrativa se lee como si fuese escrita con guantes. Es el crimen perfecto, imposible de rastrear por una unidad especializada de peritos. Sólo después del trato frecuente con sus libros destella –utilizo el término más apropiado– alguna cualidad compartida. Un fenómeno que sucede en libros como Un episodio en la vida del pintor viajero (2000) o Las aventuras de Barbaverde (2008). Parménides (2006), por ejemplo, podría haber sido escrito por cualquier biógrafo del filósofo griego. La mímesis con lenguajes que no son propiamente literarios sino informativos, acentúan la feliz engañifa de quien puede absorber las cualidades de un lenguaje específico e importarlo hacia otra geografía.
    Esta elección es una forma extemporánea de radicalidad aunque no se lea desfasada. Aira está lejos de ser un vanguardista ya que no le interesa serlo. Proponerse la diferencia obliga al énfasis y la voltereta, el vuelo de la espiral y el uso de silbatos estridentes. El autor argentino es un discreto. Además: entrega libros a las editoriales trasnacionales y, al mismo tiempo, a la pequeña aventura editorial que se fundó tres días atrás. Es una obra aún dispersa por toda América Latina, por lo que urge una reunión de novelas para leerlo de cuerpo entero. Es una carrera literaria que lo mismo ofrece una historia para recordar que un misterio para descubrir. Y más: todo escrito con un lenguaje sobrio que nos retira la tentación de utilizar aquellos colores grandilocuentes de ese trópico mítico que aún Europa busca en los autores latinoamericanos. Dejar atrás a Gabriel García Márquez no es tarea sencilla –porque tiene que suceder: es la rueda del tiempo–, pero se logra paso a paso.
   Así que el mundillo literario se asemeja a una corte palaciega de intereses cruzados, en donde el pueblo es el Lector, tan lejos de aquello que le darán a leer, y los demás cortesanos son los escritores, editores y periodistas. Todos al servicio de un objeto: el libro. Para sobrevivir en ese entorno se requiere un rostro impasible ante el fracaso y la sonrisa más amplia para los días ocasionales de sol. Sprezzatura para abrirse paso y también para encarar la falta de imaginación. Acaso el lector no lo detecte. 




"Aquí no pasa nada"
 Osiris Puerto 2011.



Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 4 Vol. 8B Otoño 2014.




Ser humano



"Ser humano, ser conciencia e intuición. No ser nadie, ser uno mismo nada más"
Pintura al óleo de Javier González Galindo 2014.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 4 Vol. 8B Otoño 2014.





viernes, 17 de julio de 2020

La interpretación de mis sueños perdidos




"La interpretación de mis sueños perdidos"
Pintura al óleo de Javier González Galindo 2014.


Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 4 Vol. 8B Otoño 2014.





domingo, 15 de abril de 2018

Pájaros ciegos (fragmento)

por Hernán A. Isnardi
                  (Argentina)

15 de abril
Estaba la noche. Nosotros, como un punto ínfimo, y nosotros como un presagio, juntos. Nosotros, en algún lugar del tiempo, en algún punto de ninguna parte. Vos y yo como un presagio. Pero no necesitábamos la luz, porque éramos la noche.


15 de abril
Cuando alguien muere viejo, muere sobre lo que fue, sobre la espada de recuerdos. Debí haberme matado a los veinticinco años, cuando tenía todo por ser. Hoy me recordarían joven y hablarían  de lo que habría podido ser, pero como si hubiera sido.


15 de abril
Estás sentada en el umbral equivocado. Tenés pies de nena. La nariz perfecta. Una cara mezcla de sol que madruga y humedad. Los ojos en el vacío y el deseo cruzando. Atravesado.
     Siempre hay un puente. Siempre hay un barco.
     Tu cara inventa en mí la felicidad.


15 de abril
Soy un hombre
que está perdido
en el fondo de una mujer
que está perdida
en el fondo de mí.


15 de abril
Me habías preguntado por el amor, si era posible; y yo sin sber en qué destino estaba entrando te dije que sí, que era natural, y sobre todo que el tiempo lo hacía posible. Claro, dijiste mirando cualquier cosa que no estaba en el mismo lugar que nosotros, amamos porque no hay tiempo. Y volviendo los ojos al mundo sonreíste con una lágrima azul, como cuando llueve y hay sol.


15 de abril
Estoy sobre la sangre aguada que endurece las sombras cuando pienso tu mano en mí. Muero tus manos de piano en el pecho de la soledad. Porque traías la soledad con vos, como yunques.


15 de abril
Dar sentido a una experiencia que nos supera; caminar sobre el agua como un Cristo sin tiempo. Eso es buscarte hoy, donde el tiempo yace roto, girando una y otra vez sobre el mismo día. Es morir sobre un río congelado y caer por la pendiente sin poder enterrar los remos en el agua, que ya no es agua; caer de espaldas hacia el cielo. Morir de frío.




"Colibrí"
Dibujo a tinta de Ricardo Lancaster - Jones 2014.



Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 4 Vol. 8B Otoño 2014.




sábado, 27 de agosto de 2016

Algo sobre Caterva

por Héctor Iván González
                           (México)

Desde el detalle más superficial, el más evidente, hasta el más minucioso, la literatura argentina o literatura argenta, tiene una conexión entre sí. Uno puede ver que hay una serie de recurrencias perceptibles que forman un carácter en común. Se me ocurre pensar, incluso, en sus sellos editoriales: Adriana Hidalgo, Cuenco de plata, Ediciones de la Flor, Losada o Eterna Cadencia, donde veo en ellos un aire de familia. Se puede percibir la trascendencia o rasgos de identidad de obras fundamentales como Los siete locos (1929), de Roberto Arlt, o Caterva (1937), de Juan Filloy. Para empezar, porque Arlt es uno de los padres fundadores de una literatura de bajo fondo, de fieras o marginetas cuyos sueños de grandeza son infinitos e ilógicos. Si recordamos a Arlt: Erdosain, Ergueta, Haffner, Barsut, etcétera, son personajes postergados, “oportunistas a los que no se les ha dado la oportunidad”; seres que viven la vida en una eterna sobrevivencia. Desde luego, la historia de Erdosain se continúa en Los lanzallamas –obra que además se acompaña de un prólogo esclarecedor de Arlt. Así que podemos ver esa arista arltiana de continuación en muchas obras posteriores.
    Lo inquietante es lo poco que se conoce en México Los siete locos y Los lanzallamas, y cómo ha trascendido en obras que sí están muy presentes en nuestras referencias –la obra de Julio Cortázar sería un ejemplo evidente. Hemos leído a Cortázar sin que sintiésemos la necesidad de ver qué lo antecedía, qué había detrás.
    Entre los aciertos de la literatura argenta está ese carácter de “oculto” que a veces nos resulta tan atractivo. Hay algo de oculto en Juan Carlos Onetti, algo de oculto en Arlt y algo de oculto en Juan Filloy. En este diálogo tan enriquecedor, del mismo modo, la obra de Juan Filloy (1894-2000) es uno de los eslabones más fuertes. Poeta, narrador, palindromista y abogado, el cordobés Filloy es uno de los autores más lúdicos de la literatura de su país. Influida por el Nouveau roman, su obra tiene un caudal de propuestas que autores como Alfonso Reyes ponderaron de inmediato. Particularmente, Caterva, su novela mayor, nos muestra la apuesta por lograr una pieza vasta, ambiciosa, donde los personajes hormiguean a lo largo de sus casi 400 páginas. Poblada por una serie de linyeras o vagabundos en apariencia, la historia muestra la peripecia de un grupo de tipos que buscan revindicar sus derechos laborales; aunque en el inicio no haya visos de esto. “Longines” (como la marca de relojes suizos), “Viejo amor”, “Katanga”: personaje gay, “Dijunto”, “Aparicio” et al., a veces juntos, a veces por separados, van recorriendo la ciudad simultáneamente. Esto permite constatar la manera en que, con situaciones absurdas o realmente hilarantes, se van enriqueciendo las anécdotas.
    Debido al año de su publicación, Caterva se adelanta a la novela de estilo neo-barroco, ya que el narrador hace gala de una forma que trata de agotar el lenguaje y sus posibilidades gramaticales. Se puede percibir la manera en que los personajes rememoran a aquellos de Los siete locos o Los lanzallamas, sin embargo, en la cuestión del estilo, es bastante independiente. Hay una narrativa caudalosa, de frases que exhiben una seguridad narrativa equiparable a las mayores del siglo XX en Hispanoamérica. Desde luego, Caterva es el anuncio de las novelas llamadas “totales”, como Cien años de soledad, de García Márquez, Gran Sertón: Veredas, de João Guimarães Rosa, Conversación en la Catedral, de Vargas Llosa, o Porque parece mentira la verdad nunca se sabe, de Daniel Sada, debido a esa ambición por verlo todo, abarcarlo todo, como si se hiciera por medio de un panóptico.
   El monólogo interior también hace acto de presencia para mostrarnos algunos rasgos de los personajes, sus temores, sus recuerdos o algún indicio de que la historia está afectándolos íntimamente. No hay forma de que el personaje se quede impávido frente a lo que está sucediendo, al contrario, esto lo provoca, lo marca y, a veces, lo perturba. También están los diálogos, los cuales desempeñan un rol trascendente, la lucidez, la agudeza o la ocurrencia, van conformando una parte central de toda la historia. La voz que emiten los personajes, los caracteriza mejor que cualquier acotación. Sabemos de la disparidad de “Longines”, quien es de una personalidad puntual frente a “Katanga”, que considera la puntualidad simplemente una forma de asegurar la perpetuación de las convenciones sociales.
     De la misma manera que Los siete locos, Caterva retrata al hombre angustiado en una Argentina que vive un fuerte desequilibrio político y social. Muestra la forma en que un policía puede arrestar, sin ningún prurito, a un grupo de desempleados teniendo como telón de fondo la situación que se padecía en aquella primera mitad del siglo XX. No obstante, ante el mayor control por parte del gobierno, los personajes de ambas novelas hacen gala de una imaginación exorbitante que los hace más libres ante esa creciente represión. En muchos sentidos anuncia al Club de la Serpiente que poblaba Rayuela o a los pichiciegos de la novela epónima de Fogwill. Tanto los conjurados de Arlt, que buscan establecer un gobierno militar con base en la administración de lenocinios, como el grupo de Filloy, que quería hacer triunfar su huelga, son grupos que anuncian la vocación gregaria que retrataron Cortázar, en París, y Fogwill, en las guerra de Malvinas. Es crucial leer Caterva para adentrarse en un autor que parece que publicó ayer mismo su obra maestra. 





jueves, 21 de abril de 2016

Literatura argentina: el relato triunfante

por Federico Guzmán Rubio 
                                (México)

Con justicia, el relato triunfante de la literatura argentina es el fantástico y experimental, con la figura de Borges situada en el centro de ese Aleph. Pero pocos escritores fueron tan conscientes de la arbitrariedad del canon como Borges, por más que esa palabra no estuviera de moda cuando él hablaba de inventar a sus precursores. Fue él quien se burlaba de la Historia de la literatura argentina de Ricardo Rojas al afirmar que sus ocho tomos eran “más extensa que la literatura argentina”, dejando en claro que la crítica, la historia literaria y la noción de literatura nacional son también y sobre todo pura invención. La frase “cuento fantástico argentino” se encuentra tan naturalizada que su enunciación sepulta otras lecturas: más extraño resultaría hablar de “barroco argentino”, de “novela social argentina”, de “intimismo argentino”, de “literatura del interior” o incluso de “costumbrismo porteño”. 
    Sin embargo, grandes autores se ajustarían mejor a estas clasificaciones que a la ya oficial. Basta leer a Mujica Lainez, por ejemplo, para sentirse seducido por su retablo textual, tan barroco como el de una recargada capilla novohispana. De “El matadero” de Echeverría y Amalia de José Marmol a El traductor de Benesdra y Vivir afuera de Fogwill, Argentina también ha ensayado explicarse a través de la literatura. Jorge Barón Biza escribió una obra maestra, El desierto y su semilla, en la que disecciona su cataclismo familiar, ajeno, al menos en apariencia, a la dictadura de Videla y a la crisis de 2001. Juan José Saer y Antonio di Benedetto nacieron en provincia, pero, a diferencia de Sarmiento y de Lugones, escribieron sobre “el interior” sin complejos. 
    Roberto Arlt y Marco Denevi se perdieron en Buenos Aires, una de las ciudades más literarias del mundo, sin la menor intención de resultar universales, sino con la desmedida ambición de ser auténticos porteños. Al concluir esta operación de desmontaje, queda la certeza de que sólo una literatura especialmente rica es proclive a desintegrarse, dinamitando las categorías comúnmente admitidas. No existe “la” literatura argentina porque ésta es demasiado rica como para caber en una sola explicación, en una sola historia, en un solo relato: el relato majestuoso de la literatura argentina es el de su inexistencia. 



lunes, 14 de marzo de 2016

martes, 1 de marzo de 2016

Retrato de mujer con dragón

por Patricia Nasello
              (Argentina)

Según dicen, fue él quien destruyó los cultivos. Ella cree lo que dicen y estima, por lo tanto, que urge detenerlo. Se protege con una cota de malla que alguien le acerca y toma la lanza que perteneciera a su padre. Lo encuentra solo, vistiendo harapos, rodeado por la ceniza que su locura incendiaria ha provocado (siglos después, el pintor evocará la escena retratando a una guerrera que, lanza en ristre, observa a un dragón como si con su sola presencia pudiese dominarlo; los versos del poeta, en cambio, hablarán de sus dudas, de su íntimo deseo de haber perdido la huella o disuadir por la palabra). Parece haber adelgazado en los últimos meses y la mira con aquella vieja furia de él, tan vieja que olvidó su origen. Con furia y, justo es reconocerlo, con el mismo amor de siempre. La ponzoña del desconsuelo apura la mano. Por unos momentos él permanece de pie, dos lagos quietos los ojos, sin darse cuenta que ha muerto. Algo habrá leído ella en el espejo de esos ojos y algo de barco que se hunde ocurre luego porque siente que naufraga dentro de sí misma y el cuerpo del hombre, sobre la tierra calcinada, se diría un madero flotando a la deriva. Sol y lluvias mediante, el pueblo siembra y cosecha el algodón con el cual comenzará a bordarse la leyenda.



jueves, 25 de febrero de 2016

Macedonio Fernández o la vigilia de los lectores por venir


por Carlos Pineda
               (México)

Si publicar todos los días es el requisito para ser escritor, Macedonio Fernández (Buenos Aires, 1874-1952) no lo era… pero charlante sí, gran conversador también. Para él, toda escritura debería quedar inédita, más aun, no debería ser siquiera escritura, si no oralidad. Sin embargo, su obra prosística es un digno reto para cualquier gran lector, ya que se debate constantemente entre el ensayo y el cuento; la disertación metafísica y el humor negro; el absurdo y una soberbia estructura lógica que soporta sus infinitas digresiones. 
   Con este panorama, podemos atrevernos a sintetizar en tres aspectos la esencia argumental de su escritura: la eliminación del yo a través de argumentaciones metafísicas (lo que implica la eliminación de la muerte); el desmoronamiento de las concepciones lógicas de la existencia y el “Humor Conceptual”, esto es, que “el desbaratamiento de todos los guardianes intelectivos en la mente del lector por la creencia en lo absurdo que ella obtiene por un momento, lo liberta definitivamente de su fe en la lógica”.
   Lo que Macedonio pretende es que el lector vislumbre un momento de irrealidad, de “flotación lógica”, donde la existencia sufra un cisma en sus fundamentos y logre así una ruptura radical con la razón. De ahí que los órdenes por donde transcurre el pensamiento se vean violentados, obligándonos a ser sujetos del hecho cómico gracias al choque de nuestro intelecto con lo absurdo. Hay renovación, cierto, pero no para volver al mismo estado de las cosas, sino para lograr que el individuo sea consciente de su insubstancialidad. 
   Aunque este autor argentino nos legó una topografía literaria constituida por libros inclasificables por su extrema experimentalidad y su trasfondo metafísico e iconoclasta, como No toda es vigilia la de los ojos abiertos (1928), Papeles de Recienvenido (1929) y Museo de la Novela de la Eterna (1967), ya para 1952, año de su muerte, el hombre de letras había sido suplantado por el mito literario; y como suele ocurrir en estas situaciones, se dejó de leer a Macedonio para idolatrar ciegamente a la figura romántica del escritor excéntrico. La obra macedoniana aún espera que la pléyade de escritores en ciernes, talleres, facultades y cantinas, dejen de hablar de él y por fin lo lean. 




Desmaterialización



Desmaterialización 
Dibujo a tinta de Ricardo Lancaster - Jones 2013.



Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 4 Vol. 8A Otoño 2014.



martes, 16 de febrero de 2016

Tiempo de noche [fragmento]

por Marina Porcelli
              (Argentina)

Sabe qué pasa, que el tiempo y el espacio se comportan de un modo extraño. Mire a esa chica, por ejemplo. La que está junto a la ventana. Mientras usted se toma con naturalidad el café, y le resultan nuevos, digamos, el chaleco con flores del mozo, o su cara de amargado, ella ya se ha muerto varias veces. No abra así los ojos, quiere, no estoy loco. Es un asunto meramente matemático, no un lío de fantasmas. Altas matemáticas, diría yo. ¿Usted estuvo harto alguna vez? ¿Harto de verdad, digo, harto de un modo bestial? Porque si alguna vez se sintió así, puede entender lo que quiero contarle. Una historia de amor, pero al revés. ¿No buscaba historias? Mire que el cuento viene largo, y si ya desde el vamos empieza a cuestionarme, ¿dónde me dijo que trabaja? Un periódico barrial, ajá. Está bien eso de escribir sobre la gente común, aunque a mí no me engaña, eh, con esa cara de desvelado, usted debe ser como nosotros. Todos los que vivimos de noche estamos hartos. Nos aturde la luz. Rechazamos, de alguna manera, el orden impuesto para las cosas. Imagínese viviendo en este barrio. Una porquería. No hay una sola vieja, de esas que pasean el perro por el Parque Rivadavia, que no merezca que el pichicho no le cague los zapatos. Se lo digo yo, que las observo desde hace años. Fui cajero en el bar de acá a la vuelta, Shananá, ese, el que estaba sobre la cortada, me jubilé cuando lo cerraron. Horario nocturno, panorámica completa desde mi silla alta detrás de la barra, se podía leer. Ciencia ficción, sobre todo. Historias de laboratorio. Ya le dije que sí tiene que ver. Qué terquedad, che. ¿Nunca leyó a Pascal? ¿La Muy Interesante? Una lástima. Y cómo llegó a periodista, a ver. Bueno, bueno, no se ofenda. Le decía que entonces empecé a venir a este bar y la descubrí a ella, a la muchacha sentada en la primera ventana. En la misma mesa y en la misma posición que tiene ahora, con las piernas cruzadas. El tobillo de la izquierda bajo la pierna derecha, ve. Siempre igual desde hace años. Ah, claro, a eso voy. Ella duerme de día en su casa, llega acá después de la medianoche, se acomoda en su lugar, toma notas, lee, fuma como una condenada y mira por la ventana. La negrura del parque no la ayuda, ya lo sé. Ni el contorno diluido de los árboles, ni el farol del fondo. Pero, créame: para ella todo esto no significa nada. Ya no significa nada. La repetición, me entiende, acaba por eternizar las cosas, las vuelve agobiantes, las instala como en otra realidad. Espérese, no me apure, primero tiene que saber que ella está ahí porque lo espera. A su pareja, digamos. Al marido no, al novio. No exagero: le apuesto lo que quiera que ella va a subirse a un auto a mitad de la noche. La van a recoger, lo sé, porque la veo hacer lo mismo desde hace quince años. ¿Cómo, no estamos en el dosmildiez? Son quince años justos, entonces. Está bien, sí, sí, ahí tiene razón: ya no es una chica, es una mujer, aunque para mí sigue siendo una muchacha, exactamente igual a cuando la vi por primera vez. ¿Se da cuenta? La clave está en el observador, en la posición del observador. 



lunes, 15 de febrero de 2016

Engranaje



Engranaje (detalle de La Torre de Babel)
Dibujo a tinta de Ricardo Lancaster - Jones 2011.



Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 4 Vol. 8A Otoño 2014.



domingo, 14 de febrero de 2016

El cuarto

por Sandro W. Centurión
                       (Argentina)

A la izquierda siento algo con plumas, tan grande como un ropero. A la derecha algo con mucho pelo, suave, sedoso y frío. Arriba, una esfera dura y rugosa. Unos pasos a la derecha, un recipiente con un líquido caliente, tal vez agua o café aunque no huele a café sino a libro viejo. A ras del piso rozo con los dedos de mi pie la punta de una nariz de esas que tienen una verruga en la punta. Me agazapo y acaricio un seno, uno solo, turgente y del tamaño de un puño. No estoy seguro. La respiración jadeante hace eco en la oscuridad.
     Hasta ahora, ninguno de nosotros se atreve a encender la luz. 



El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias

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Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Num 16