Mostrando entradas con la etiqueta María Paz Ruiz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta María Paz Ruiz. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de noviembre de 2013

Sentencia

por María Paz Ruiz


Hay una sentencia de muerte para usted

Esperamos no causarle inconvenientes, pero es nuestro deber informarle que ha sido elegido para morir el 7 de noviembre del presente año. Se ruega que espere a su contacto vestido con ropa cómoda, a ser posible descansado y desayunado. La hora en la que se presentará en su dormitorio es a las 9:44 de la mañana. Cumplimos con avisarle que el contacto no suele esperar, carece de paciencia y no entiende ningún idioma conocido. No tema, el contacto es inconfundible. Le recordamos que camina muy rápido y que suele trabajar sin descanso, por lo que le rogamos que desestime esconderse debajo de su cama o entretenerse en casas de amigos; pues con esto sólo conseguirá que lo lleve más de prisa.

Por último queremos pedirle que no mantenga contacto visual con él para evitar traumas mayores; y le recordamos que sea cauteloso en no pisarle tampoco la capa.
Confiando en su buen juicio y en que agradecerá nuestros consejos, nos despedimos deseándole un feliz viaje.


*Publicado en Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Año 2 Num 3 Verano 2011.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Mina Tauro


Por María Paz Ruiz
(Colombia)

He sentido los cambios. Son dolorosos. Mi nariz se ha ampliado hasta convertirse en dos agujeros tan grandes que aspiran cucarrones sin avisar. Ya no tengo pies, ahora me han salido unas pezuñas para cuatro patas que no sé cómo van a resistir mi peso, porque mi piel se ensancha hasta romperse en carnes horriblemente  negras y peludas. Me redondeo por completo hasta cobrar una figura torpe e inabarcable. De mi frente despuntan unos dolorosos cuernos que crecen firmes como sables de color hueso. Cambio de sexo y unas bolas grandes se asoman por debajo de mi vientre bamboleándose incómodas mientras intento correr. 

Llega mi hombre, pero esta vez sin corbata ni zapatos. Aparece vestido con unas medias rosas y un traje que emite unos espantosos destellos que casi me dejan ciego. Se acerca a mí con esos ojos que me gritan que quiere acabar conmigo con una  espada afilada, una espada que brilla como su chaqueta roja. Me hundo en sus ojos y siento su terror por poseerme. Los agujeros de mi nariz se expanden, levanto tierra entre mis patas y nos lanzamos a penetrarnos hasta la extenuación. Mi peso contra su agilidad. Mi cabeza enorme contra su frágil humanidad de macho diminuto. Me clava su espada al mismo tiempo que le clavo mi cuerno izquierdo en el hombro. 

Él sangra a borbotones; mi lomo escurre una sangre tibia que cae sobre la arena. Sus padres aplauden mientras me tambaleo con la vista borrosa. Pero su espada cae al suelo y deja de brillar. Mi sangre brota incansable pero resisto el dolor. Lo he agujereado sin perdón y siento que su vida estaba entre mis cuernos sucios. Su muerte insulsa sale en los periódicos, a mí, entretanto, me llevan a un antro infecto maldiciendo mi nombre.

- “Hay que deshacerse de esta mala bestia”- refunfuña un veterinario, sin atender a esa mirada ultrajada, a esos ojos de mujer que ha estado a punto de ser asesinada por su esposo.

El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias

El nuevo número impreso de Gaceta Cariátide Brevedades Literarias
Gaceta Cariátide Brevedades Literarias Num 16