martes, 18 de noviembre de 2014

La teología española del siglo XVI y las crónicas de América

por Marialba Pastor


Cuando los europeos “descubrieron” América, la Iglesia católica ya había acumulado más de diez siglos de experiencia en convertir al cristianismo a paganos de todo tipo. Esta experiencia se sitúa condensada en crónicas e historias, y sobre todo en las obras de los teólogos autorizados. En ellas se encontraba la única verdad y, por consiguiente, a ellas se debía recurrir cuando se trataran hechos trascendentales como la fe, los misterios divinos y las relaciones de los hombres con los dioses; ahí se explicaba quiénes eran los paganos, por qué existían, cuáles eran sus principales errores, sus dioses, sus mitos y ritos.
Las crónicas de Indias de los siglos XVI y XVII no se desprendieron de la curiosidad por las culturas ajenas, de un afán de comprensión del “otro” o del interés científico por la indagación. Pero sus métodos tampoco siguieron las reglas de la autocrítica y la observación empírica. Las detalladas descripciones de la religiosidad de los indios tenía por objeto facilitar las tareas de conversión. Los españoles estaban convencidos de que la evangelización de los nuevos paganos era un mandato divino que formaba parte de la historia revelada, del proyecto de expansión de la fe cristiana por el mundo.
Educados en la ortodoxia cristiana, los españoles llegados a América sólo pudieron descifrar las conductas de sus pobladores a partir de supuestos religiosos. Integrantes del clero como Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún o Diego Durán, con una sólida formación teológica, mostraron en sus crónicas una incapacidad para comprender las religiones prehispánicas.
En la realidad americana encontraron, por analogía, dioses, mitos, ritos y adivinaciones de la Grecia y la Roma antiguas. A las religiones prehispánicas les asignaron sus propias jerarquías y clasificaciones, la división maniquea del bien y el mal, y la separación de los mundos sagrado y terrenal; mostraron aversión a los sacrificios sangrientos, a la sexualidad y a las relaciones entre los géneros. Sobre los pobladores americanos proyectaron su moral particular y reprobaron sus conductas, o bien, inocularon el cristianismo en sus informantes al afirmar que, antes de la llegada de los europeos, en las religiones indígenas se advertían signos y valores católicos.

Para comprender las crónicas de Indias y calibrar su utilidad y sus límites como fuentes primarias para el conocimiento de las religiones prehispánicas, resulta imprescindible adentrarse en la teología que formó a sus autores.


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